viernes, 24 de diciembre de 2010

Cortázar o la fórmula de la literatura

En el primero de los tres libros que Miguel Salvioli publicó en Simurg se incluye este breve texto, en el que un lector científico escudriña los avatares de la buena prosa. Amistoso tributo a Julio Cortázar y también, por qué no, sátira del desvelo de muchos que -en el solitario ejercicio de la escritura o en los modernos concilios del taller literario- intentan agenciarse de los mecanismos siempre inefables de la literatura.





CÓMO HACÍA EL TIPO




De pronto interrumpí la lectura y me puse a pensar cómo hacía el tipo, cuál era el proceso en su cabeza. Lo supuse reflexionando frente a la hoja en blanco, diciendo para él mismo que si considero el problema como una analogía entonces tengo que obtener, primero, el equivalente a una ecuación, en este caso una ecuación gramatical, llamémosle; y segundo, la correspondiente solución. Digo que con igual derecho con que existen las ecuaciones y funciones matemáticas (sean: ax2+bx+c=0, y(x)= ax2+bx+c), a la lengua castellana le cabe disponer de su propio sistema formal; que de hecho lo tiene, sólo que habría que adaptarlo un poco, porque la estructura está: cuál si no el viejo y conocido (y antipático) esquema de Sujeto-Predicado y sus componentes y subestructuras de núcleos, atributos, complementos, circunstancias, etc. Lo que faltaría es introducirle de alguna manera el signo “=” y conferirle así una identidad de ecuación y consecuentemente de solución (por ahora prefiero no hacer distinciones entre “ecuación” o “función” y “solución” o “resultado”, para no complicarme; después veremos si se justifica hilar fino). Como ejemplo se me ocurre una frase clásica: “Mi mamá me mima”. “Mi mamá” es el Sujeto Simple (SS), “me mima” el Predicado Verbal Simple (PVS), “mamá” el núcleo (n) del Sujeto, “mi” su atributo (a), etc., etc. Quiere decir que “SS(a+n)+PVS(od+n)” es el esqueleto de mi frase, aclarando que el signo “+” lo utilizo como elemento de unión entre operadores gramaticales. Ergo puedo acto seguido plantear la igualdad: “SS(a+n)+PVS(od+n) = Mi mamá me mima”. La ecuación ya la tengo, debería profundizar el modelo teórico que le da sustento. Lo intento: 1) el miembro izquierdo es estructural, muy básico pero bien estructural, pura forma; 2) el derecho es una oración, puro contenido, sin embargo ojo que también es una cadena de caracteres, quince en total, incluyendo los espacios. Y pensada así, como una secuencia de símbolos, “Mi mamá me mima” no es diferente de un número, digamos, qué sé yo: 157842237334598, elijo uno de quince dígitos para que la comparación sea fiel. Vistos desde esta perspectiva, “Mi mamá me mima” y “157842237334598” comparten una naturaleza común. Nada me impide entonces (creo) denominar “TXT” (léase: Texto) a toda cadena de caracteres lingüísticos que compone una palabra u oración o párrafo, genéricamente un texto de longitud arbitraria. Vuelvo a mi ecuación gramatical con la autoridad para reescribirla: “SS(a+n)+PVS(od+n)=TXT”. Sin duda hemos ganado en abstracción, puesto que el miembro derecho ya no es estrictamente la frase original “Mi mamá me mima” sino esa o cualquier otra que posea el orden impuesto por el miembro izquierdo. De modo que oraciones como “Mi papá me quiere” o “La abuela lo cuida” son también soluciones posibles. En cambio un texto de mayor complejidad morfológica, me viene a la memoria uno borgeano: “La tarde maniatada sólo clama su queja en el ocaso”, este no sería solución posible porque no se ajusta al molde pre-establecido; aunque sí encaja con naturalidad en este otro, a saber:
SS(a+n+a)+PVS(cm(a)+n+od(a+n)+ct(compp(p+a+t)))=TXT” que, reconozco, antes que ecuación parece un bodrio —un bodriazo tan ostentoso como inútil—; pero solamente en apariencia, ya que si se observa con cuidado, se ve que cada pieza ocupa su lugar y cumple su tarea. Recapitulando, me permito postular que a partir de un texto particular se produce una ecuación general, la que a su vez puede ser resuelta o satisfecha por otros textos particulares. Claro que al mismo tiempo habrá textos —en tanto TXT, esto es, series de caracteres—, que no podrán corresponderse con ninguna fórmula de Sujeto-Predicado, por más elaborada que pudiéramos concebirla. Me refiero a escritos con errores ortográficos o de puntuación, o fallas de construcción sintáctica o simplemente líneas sin sentido como “adfcxxjhnttovns”. En otras palabras, los textos distorsionados, aun siendo secuencias tipográficamente factibles, no podrían ser aceptados en el lado derecho de una ecuación gramatical, cualquiera sea esta. Es parecido a que en una ecuación algebraica la solución fuera x=Ö-1; dado que no existen raíces cuadradas de números negativos, Ö-1 no es una solución válida... Bueno, seamos rigurosos: en verdad no es una solución posible dentro del campo real, repito: dentro del campo real; pero atentos que sí lo es en el dominio de los números imaginarios o complejos. Análogamente, un texto aberrante no tendría cabida en el campo narrativo convencional o regulado; pero qué pasa fuera de ahí, en el campo narrativo experimental. Eso: ¿qué pasa fuera de la norma? ¿Eh? ¿Qué pasa? Pasa esto que acá y ahora mismo digo, propongo, declaro: que todo TXT, mientras esté dotado de una mínima coherencia semántica o literaria, habrá de devenir en resultado posible de alguna ecuación o función gramatical, siempre que, desde luego, pensemos en términos de una escritura ampliada, desinhibida, en la que se admita y se legitime la violación consciente de las reglas. Significa entonces que se puede, que lo puedo hacer. Que puedo volcar en una página, sin temor a que me labren un acta de infracción, un TXT por ejemplo como este: “tú la mujer rubia eran las nubes que siguen corriendo delante de mis tus sus nuestros vuestros sus rostros”. ¿O no es así? ... No sé... no... no debía ser así la cosa... la verdad no creo que el tipo razonara tan aparatosamente, no. Es más, dudo que razonara siquiera. Lo suyo debía ser algo mucho más limpio, mucho más directo y genial. El tipo, el Julio este, debía simplemente sentarse frente a la máquina y teclear como quien toca un instrumento, el saxo quizá; y al terminar, exhausto y satisfecho, saldría a despejarse por las calles de París, fumándose un Gauloise.

[Miguel Salvioli, Territorial y otros relatos, Bs. As., Simurg, 2006]