viernes, 2 de noviembre de 2012

Reseña de "Por la banquina" de Ariel Basile en Ámbito Financiero (31/12/12)

Libros


Entretenida aventura de un impostor profesional

 
Ariel Basile, «Por la banquina» (Bs.As., Simurg, 2012, 154 págs.)
En forma entretenida y en muchos momentos muy divertida, «Por la banquina» muestra el camino de la profesionalización de un impostor. A los 25 años a Diego Petrusi lo echan de la oficina donde se aburre más de lo que trabaja. Lo negociado por indemnización le sirve para convertirse durante un año en lo que Roberto Arlt definía como un esquenún, alguien que cultivaba la espalda derecha gastando la cama día y noche. Cuando ya está dispuesto a volver a ser eternamente el nene de sus padres, Petrusi descubre un rebusque para ganarse algo de dinero: hacerse pasar por un jugador de fútbol que está en el exterior, con el que casualmente comparte el apellido, en un pueblito de provinciam y él, que nunca fue bueno con la pelota, tiene la suerte de convertirse en estrella.

En la mejor tradición del pícaro, del vivillo, del chanta, piensa que «cada tanto el Barba tira un centro y hay que estar despierto para agarrarlo, y tanto en el fútbol como en el amor, es preciso tener olfato y explotar las buenas rachas». La necesidad de escapar de un lugar cada vez que se está por descubrir que es un embaucador lo lleva a andar «por la banquina», cada vez más por lo márgenes, necesitado de adoptar una nueva identidad para lucrar engañando a pueblerinos o para poder escabullirse de las culpas con las que fantasea que la policía lo busca por violador, asesino, defraudador, cosas todas que tienen un margen de realidad.

En «Por la banquina» además de goles no falta la corrupción política, los tiros disparados por una vidente desvalijada, un asesinato, proliferaciones de sexo, paranoia que hace que Petrusi encarne una documentada simulación que lo ayuda a salir del país.

Ariel Basile construye en su animada opera prima la sorprendente «road movie» de un porteño al que «le va agarrando el gustito de vivir en historias inventadas», y aún más cuando decide vivir delictivamente de historias inventadas. En los primeros capítulos, en la jornadas de fútbol, Basile entra en la tradición de los relatos futboleros de Osvaldo Soriano, Roberto Fontarrosa y Eduardo Sacheri, verdaderos maestros del género. En las siguientes partes de la novela, tanto cuando el protagonista se vuelve un adivino viajero explotador de señoras enfermas, solitarias o engañadas, como cuando se convierte en una falso promotor de estrellas del canto, sin dejar de aceptar las emotivas ofertas sexuales de chicas pueblerinas aspirantes a modelos en la capital, se acentúa la influencia de Osvaldo Soriano y, quizá, de Bernado Kordon, a la vez que gana algo narrativamente muy personal.

La historia queda abierta para seguir conociendo de las aventuras de ese porteño chanta que siempre piensa que tiene que volver a la facultad. Posible nueva faena para el talento mostrado por Basile.

M.S. [Máximo Soto]

sábado, 12 de mayo de 2012

Presentación de "Algunos apuntes sobre mi madre" de Marcelo Damiani


tiene el agrado de invitarlos 
a la presentación del libro

Algunos apuntes sobre mi madre

de 

Marcelo Damiani




Casa de la Lectura
Lavalleja 924, entre Jufré y Lerma - Buenos Aires
Jueves 17 de mayo de 2012, 19 hs.

La poeta María Malusardi se referirá a la obra



Algunos apuntes sobre mi madre es un libro inclasificable. Su escritura oscila entre la novela familiar, el relato biográfico, la ficción testimonial, el diario íntimo y la falsa autobiografía. Estos cinco puntos cardinales marcan las coordenadas de un texto sin sosiego; suerte de estrella sin luz que paradójicamente sigue brillando en los ecos de la voz del narrador. ¿Qué hacer cuando la persona que nos ha arrojado a la existencia nos abandona para siempre? ¿Nos convertimos en su testaferro? Algunos apuntes sobre mi madre es un intento de responder este doble interrogante imposible.
El resto es silencio.


Marcelo Damiani nació en Córdoba en 1969. Es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y del Bath Spa University College de Inglaterra. En 1995 publicó su primera novela, Adiós, Pequeña. Su segundo libro, El sentido de la vida, obtuvo varios premios, y cuando apareció, en 2001, fue elegido como la revelación del año. En 2003 publicó su primer libro de poemas: Pasajeros. En 2005 apareció su novela El oficio de sobrevivir, y dos años después, en Caracas, se editó una primera versión de este mismo libro. En 2010 apareció su compilación El efecto Libertella. Sus textos, además, han sido traducidos al inglés, italiano y francés, siendo publicados en antologías, diarios y revistas de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Cuba, Puerto Rico, Paraguay, México y España, entre otros países.



Me acuerdo, antes que nada, de sus manos. Estábamos sentados en el jardín de casa. Yo tendría tres o cuatro años, y ella, por supuesto, estaba tejiendo. Sus dedos rugosos se movían de un lado a otro, dirigiendo el hilo entre las agujas con una precisión y una velocidad asombrosas. Pero además, mientras el rollo de lana rodaba por el césped, ella me contaba otro capítulo de la historia familiar. Yo no podía prestar atención a sus palabras porque el movimiento de sus manos era demasiado cautivante. Recuerdo que acercaba mi cabeza a la zona donde el hilo era embestido por las agujas, todo hábilmente controlado por sus dedos, para ver si así podía comprender mejor qué era lo que estaba pasando. No podía entender cómo las agujas y el hilo no se enredaban en un nudo imposible de desatar. No entendía cómo el hilo poco a poco iba tomando la forma de una bufanda para el invierno que ya se adivinaba en la ventisca vespertina. No podía seguir el hilo de la historia. Estaba, literalmente, subyugado, y podría haberme quedado ahí toda la vida.

[...]

La casa de mi (tía) abuela era visitada por un desconocido poeta cordobés; el pobre hombre, al parecer, estaba secretamente enamorado de ella. Tal vez de ahí mi madre sacó la idea de escribir poesía. Fue llenando cuadernos con sus versos adolescentes hasta que el marido de mi abuela murió de improviso y ellas tuvieron que reorganizar su vida por completo. Al principio alquilaron algunas habitaciones de la casa, después cocinaron para los estudiantes, vendieron lo que se podía vender, hasta que agotaron sus ahorros; al final tuvieron que irse. Dejaron sus pocas pertenencias en la casa de unos amigos y se mudaron a Tucumán en busca de trabajo. En ese momento la Revolución Libertadora tomó el poder, y una de las primeras cosas que hicieron fue allanar y destruir la casa de esos amigos. Ahí se perdieron para siempre sus cuadernos llenos de poemas. Estoy seguro de que a ella le hubiera gustado tener la oportunidad de volver a leerlos, tal vez porque ahora soy yo el que tiene ganas de hacerlo. ¿De qué hablarían sus versos? ¿Qué tipo de verdad banal o profunda me hubieran permitido descubrir su trazo o su escritura? Sin razón, en mis devaneos, a veces pienso que yo soy ella, pero sin mí.