sábado, 12 de mayo de 2012

Presentación de "Algunos apuntes sobre mi madre" de Marcelo Damiani


tiene el agrado de invitarlos 
a la presentación del libro

Algunos apuntes sobre mi madre

de 

Marcelo Damiani




Casa de la Lectura
Lavalleja 924, entre Jufré y Lerma - Buenos Aires
Jueves 17 de mayo de 2012, 19 hs.

La poeta María Malusardi se referirá a la obra



Algunos apuntes sobre mi madre es un libro inclasificable. Su escritura oscila entre la novela familiar, el relato biográfico, la ficción testimonial, el diario íntimo y la falsa autobiografía. Estos cinco puntos cardinales marcan las coordenadas de un texto sin sosiego; suerte de estrella sin luz que paradójicamente sigue brillando en los ecos de la voz del narrador. ¿Qué hacer cuando la persona que nos ha arrojado a la existencia nos abandona para siempre? ¿Nos convertimos en su testaferro? Algunos apuntes sobre mi madre es un intento de responder este doble interrogante imposible.
El resto es silencio.


Marcelo Damiani nació en Córdoba en 1969. Es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y del Bath Spa University College de Inglaterra. En 1995 publicó su primera novela, Adiós, Pequeña. Su segundo libro, El sentido de la vida, obtuvo varios premios, y cuando apareció, en 2001, fue elegido como la revelación del año. En 2003 publicó su primer libro de poemas: Pasajeros. En 2005 apareció su novela El oficio de sobrevivir, y dos años después, en Caracas, se editó una primera versión de este mismo libro. En 2010 apareció su compilación El efecto Libertella. Sus textos, además, han sido traducidos al inglés, italiano y francés, siendo publicados en antologías, diarios y revistas de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Cuba, Puerto Rico, Paraguay, México y España, entre otros países.



Me acuerdo, antes que nada, de sus manos. Estábamos sentados en el jardín de casa. Yo tendría tres o cuatro años, y ella, por supuesto, estaba tejiendo. Sus dedos rugosos se movían de un lado a otro, dirigiendo el hilo entre las agujas con una precisión y una velocidad asombrosas. Pero además, mientras el rollo de lana rodaba por el césped, ella me contaba otro capítulo de la historia familiar. Yo no podía prestar atención a sus palabras porque el movimiento de sus manos era demasiado cautivante. Recuerdo que acercaba mi cabeza a la zona donde el hilo era embestido por las agujas, todo hábilmente controlado por sus dedos, para ver si así podía comprender mejor qué era lo que estaba pasando. No podía entender cómo las agujas y el hilo no se enredaban en un nudo imposible de desatar. No entendía cómo el hilo poco a poco iba tomando la forma de una bufanda para el invierno que ya se adivinaba en la ventisca vespertina. No podía seguir el hilo de la historia. Estaba, literalmente, subyugado, y podría haberme quedado ahí toda la vida.

[...]

La casa de mi (tía) abuela era visitada por un desconocido poeta cordobés; el pobre hombre, al parecer, estaba secretamente enamorado de ella. Tal vez de ahí mi madre sacó la idea de escribir poesía. Fue llenando cuadernos con sus versos adolescentes hasta que el marido de mi abuela murió de improviso y ellas tuvieron que reorganizar su vida por completo. Al principio alquilaron algunas habitaciones de la casa, después cocinaron para los estudiantes, vendieron lo que se podía vender, hasta que agotaron sus ahorros; al final tuvieron que irse. Dejaron sus pocas pertenencias en la casa de unos amigos y se mudaron a Tucumán en busca de trabajo. En ese momento la Revolución Libertadora tomó el poder, y una de las primeras cosas que hicieron fue allanar y destruir la casa de esos amigos. Ahí se perdieron para siempre sus cuadernos llenos de poemas. Estoy seguro de que a ella le hubiera gustado tener la oportunidad de volver a leerlos, tal vez porque ahora soy yo el que tiene ganas de hacerlo. ¿De qué hablarían sus versos? ¿Qué tipo de verdad banal o profunda me hubieran permitido descubrir su trazo o su escritura? Sin razón, en mis devaneos, a veces pienso que yo soy ella, pero sin mí.